Lectura
Presentarse: El reto de quienes tartamudeamos
A la mayoría de personas con tartamudez nos suele costar presentarnos.
Algunas personas nos cuesta decir nuestro nombre, nuestro apellido, a veces la edad (ahora que me encuentro en los treintas, esa “tr” se suele atascar). En general presentarnos puede llegar a ser bastante retador. Normalmente terminamos buscando formas de evitarlo y el problema con evitarlo es que a largo plazo solo incrementa la dificultad y se hace un problema más grande. En esta lectura vamos a entender por qué nos cuesta tanto presentarnos y sobre todo qué podemos hacer para lograr que sea más sencillo hacerlo.
¿Por qué nos cuesta presentarnos?
Aunque cada caso puede ser particular, probablemente la dificultad para presentarnos viene de experiencias pasadas dolorosas, donde la tartamudez apareció y las personas no reaccionaron adecuadamente. Uno de mis primeros recuerdos sobre la tartamudez fue cuando, en el nido, una profesora me preguntó cómo me llamaba. Sentí que la palabra se me atascaba, me estaba demorando en decirla, y la profesora me miró con extrañeza, esbozó una ligera sonrisa y me dijo: "¿acaso no sabes tu nombre?". No recuerdo si logré decirlo o simplemente me fui, pero recuerdo que me sentí muy avergonzado.
Adicionalmente, si nuestros padres u otras personas nos corrigen (con ganas de ayudarnos) diciéndonos que nos tranquilicemos, que hablemos bien, que respiremos, vamos creciendo con la idea de que no debemos tartamudear y que debemos corregir esta parte de nuestra habla, esta parte de nosotros. Normalmente, cuando uno se presenta trata de mostrar su mejor versión. Entonces, si pensamos que no debemos tartamudear, al presentarnos tratamos de que el tartamudeo no aparezca o, al menos, no se note. Lastimosamente, es este mismo deseo el que puede estar haciendo que todo se complique.
Seguramente ya se dieron cuenta de que mientras más preocupados estamos por no tartamudear en una situación, más nerviosos y tensos nos ponemos. Y a mayor tensión, mayor probabilidad de tartamudear, y de hacerlo con más dificultad.
Entonces… ¿cómo podemos aprender a presentarnos con mayor facilidad?
1. No evites tartamudear
Gran parte de la presión, ansiedad o nerviosismo que sentimos al presentarnos viene del miedo a tartamudear. Este miedo no va a disminuir con técnicas para no tartamudear; todo lo contrario: cada vez que evitas tartamudear, el miedo se fortalece. Prueba explorar cómo sería presentarte recordando que puedes permitirte tartamudear, que posiblemente tartamudees, y que eso no está mal.
"¿Pero qué pasa si las personas reaccionan mal, si me miran raro? Qué vergüenza." Justamente de eso se trata: de enfrentar también ese tipo de situaciones, desensibilizarnos para que no nos afecten tanto, y poder hablar con calma incluso ante una persona que no reacciona bien. Y para lograrlo, hay que practicarlo.
Si sientes que aún no estás dispuesto a hacerlo, prueba colocando pequeños tartamudeos fingidos en tu presentación, como una forma de ir enfrentando poco a poco el miedo. "Hola, m-me llamo Juan". A esta estrategia la llamamos "tartamudeo voluntario", y la practicamos en las sesiones individuales dentro de la escuela. Se los recomiendo totalmente; es una de mis estrategias favoritas.
Con el tiempo, el temor a tartamudear irá disminuyendo y el habla será más espontánea al presentarte.
2. Menciona tu tartamudez
Familiarízate con la posibilidad de hablar frontalmente de tu tartamudez cuando sea necesario. Cuando estamos muy tensos por evitar tartamudear, la incertidumbre de que ocurra nos aumenta la ansiedad. Imagina cómo sería presentarte con la tranquilidad de saber que, si hace falta pedir un poco más de tiempo, siempre puedes hacerlo comentando de forma casual que a veces te atascas por la tartamudez. Algo como: "Tengo tr-tr… uy, esta palabra siempre me cuesta. Ah, por cierto, yo tartamudeo. Tr-treinta años, era lo que quería decir".
Conforme comiences a hacerlo, descubrirás que hablar abiertamente de la tartamudez no es tan catastrófico como lo creemos. Intenta empezar en situaciones menos retadoras. A algunas personas les es más fácil mencionar su tartamudez primero con desconocidos, y a otras, con personas más cercanas.
3. Busca presentarte
A veces no solo evitamos tartamudear, sino que incluso evitamos situaciones enteras si consideramos que podrían obligarnos a hablar. Muchas veces, en mi etapa universitaria, no asistía a talleres o cursos extracurriculares, o faltaba a las primeras clases por temor a que nos hicieran presentarnos. Me perdía de cosas que realmente me importaban por el miedo a presentarme.
Si realmente queremos que presentarnos deje de ser un problema, lo tenemos que enfrentar. Elabora una lista de situaciones donde tengas que presentarte: al hacer una llamada, al hacer un trámite, al preguntar algo en alguna oficina de la universidad, y colócale un nivel de dificultad a cada una. Luego ordénalas de menor a mayor y ponte metas concretas cada semana o mes. Por ejemplo, si presentarte en un grupo grande o con desconocidos es muy retador, podrías empezar practicando enviando audios a tus personas de confianza: "Aquí Bruno, estoy enviando este audio para practicar decir mi nombre, cambio y fuera". O, si subimos el nivel, podrías buscar comunidades de personas con tartamudez, asistir a sus reuniones y presentarte en un espacio seguro. Siempre que hacemos actividades en la escuela me gusta bromear con esto y les digo: "Bueno, vamos a empezar con lo que más nos gusta a los tartamudos: presentarnos…", y todos se ríen. Practicar en estos espacios es una buena forma de empezar.
4. Tartamudea diferente
La tartamudez se caracteriza por una experiencia muy particular: la sensación de que, por un momento, perdemos el control de nuestra habla. Sentir que perdemos el control es algo bastante incómodo, y más aún si nos sucede delante de otras personas. Por eso es lógico que no nos guste tartamudear frente a otros, y menos al presentarnos por primera vez. Parte de aprender a gestionar la tartamudez es aprender a gestionar esa sensación de perder el control: mantener la calma y continuar hablando.
Hay varios ejercicios para entrenar esto, y es algo que trabajamos poco a poco en las sesiones. Pero un buen ejercicio para empezar es aprender a modificar tus tartamudeos. Si logras modificar un tartamudeo real, puedes recuperar la sensación de control sin tener que luchar contra él. ¿Cómo puedes hacerlo? Primero, empieza en situaciones de muy poca presión, por ejemplo hablando con alguien de mucha confianza que ya sepa de tu tartamudez. Puedes jugar con la tensión: empezar con mucha y luego irla disminuyendo. Puedes cambiar un bloqueo por una prolongación. Empieza poniendo tensión y bloqueos actuados, y luego puedes intentarlo con tartamudeos reales.
Recuerda estas 4 pautas
Sé que presentarse es algo que puede generarnos mucha ansiedad y temor. Si es tu caso, sé amable contigo mismo: tiene sentido que sea algo que te cueste. Pero ten en cuenta que puede volverse más sencillo si empezamos a cambiar la forma en que nos relacionamos con nuestra tartamudez. Evitar nos alivia el momento incómodo por un instante, pero solo complica las cosas a largo plazo. Si estás dispuesto a buscar un cambio, recuerda que el primer paso es empezar a afrontar.
Recuerda estas cuatro pautas: primero, no evites tartamudear; segundo, familiarízate con mencionar tu tartamudez cuando lo necesites; tercero, busca oportunidades para presentarte de forma progresiva; y cuarto, aprende poco a poco a tartamudear diferente, con menos lucha y más calma. Y si sientes que necesitas acompañamiento personalizado, siempre puedes contactarnos.

